Lágrimas de sirenas.

El mar está llorando… ¿por qué no intentas escucharlo? ¿Por qué no puedes oírlo?
Tal vez no se necesitan oídos para ello.
El mar llora porque sabe que no lo sabemos.
Llora porque sabe que aunque estire su mano al cielo, nadie estará para sostenerla.
Entonces me atrapo en una mentira diciendo que alguien más vendrá a calmarlo, incluso si sé que no podría calmarse.
El mar llora y aunque todos lo sabemos no tomaremos conciencia de ello hasta que la vida desaparezca, o tal vez cuando más lo necesitemos, cuando ya no quede nada.
El mar llora y mis dos brazos no sirven para abrazarlo, no son lo suficientemente inmensos.
El mar llora y a pesar de que lo sé, cubro con fuerza mis oídos y lo ignoro porque me duele.
El mar llora y mis manos sostienen los peces robados y toman todos los misterios que no puede revelar debido a su abrumador llanto, tan enorme, tan poblado… pero nadie está intentado tomar su mano.
Y cuando conciencia tomemos, ya habrá sido demasiado tarde.
El mar lloró, el mar estaba llorando, el mar se quedó sin lágrimas para llorar y sus ojos arden de saladas penumbras.
Eso me lo contó en un sueño en blanco y negro, él compartió su dolor conmigo, quería dejar de llorar.
Le pedí que no llorara, pero me recordó el eterno tiempo que yo había estado tapándome los oídos.
Ahora el mar está llorando junto a mí, compartimos pesadas lágrimas saladas, compartimos desgracias y soledades a pesar de estar rodeados de vida.
Después de todo, el mar entiende que no somos muy diferentes, y juntos lloramos hasta desaparecer.

—María (@lloro_rosa).

Cisnes.

Estoy al borde de un colapso mental. La lluvia me acompaña y las nubes lloran. Quiero gritar, gritarle al mundo qué es lo que siento y por qué me encuentro en este estado tan crítico. Pero no puedo. Sólo me limito a mirar. Tengo que aprender a mirar.
Estoy sola en una sala de teatro.
Las luces se apagan y se abre el telón con una luz tenue titilante que te susurraba por sí sola que prestaras atención a lo que vendría a continuación.
Cisne Negro y Cisne Blanco entran. Seguido danzan al son de una melodía clásica. Los observo.
Cisne Blanco empieza a teñirse de negro muy sutilmente, ni siquiera se apreciaría al fondo de la sala.

Mientras, Cisne Negro se vuelve más y más intenso. Ambos bailan sin parar.
Cisne Blanco no puede más. Su quebrantable vulnerabilidad lo delata. Tambalea y se cae. Se mira las manos y pregunta: “¿de dónde sale tal oscuridad?”
Cisne Negro, que yace detrás de Cisne Blanco, sonríe y le dice: “oh, Cisne Bello… tú que tan delicado y suave eres, no soportas tener las manos manchadas ni una sola vez.”
Cisne Blanco no sabe qué pasa, pero lanza una expresión ahogada al aire, como pidiendo que este mismo lo salvara.
Me limito a contemplar la escena.
Él sabe que algo va a ocurrir.
Se pone en pie dejando ver cómo las gotas cada vez más negras y espesas tiñen el suelo viejo de aquel escenario.
“¿Por qué me haces esto, Cisne Negro? No puedes devorarme, pues sin mí tú no puedes existir.” Le dijo con voz ahogada el Cisne Blanco.
Cisne Negro se limitó a reír y seguir con la función. Me mira. Sé que sólo baila para mí, pues no hay más espectadores. Baila y me seduce. Baila y activa todos mis sentidos. Baila y yo soy su motivo.
Baila y me incita a querer bailar a su ritmo siguiendo todos sus pasos.
Aquella deslumbrante negrura que desprendía me hacía querer acercarme más y más.

Lo hago.
Mis pupilas se dilatan.
En la cumbre más emocionante de aquella obra, de aquel baile, todo se para. Las luz se apaga, la música se desvanece poco a poco.
Silencio y oscuridad.
Tic-tac. Tic-tac. Tic… tac.
Una mano suave me roza las mejillas.
Respiro profundamente.
Noto una presencia que me paraliza el corazón. Intuyo que es muy peligrosa pero completamente adictiva. Sonrío en la oscuridad.
Siento que alguien me rodea la cintura y acaricia mis brazos como si yo fuera de cristal.
No sé qué pasa pero mi piel se eriza, mi respiración se entrecorta y mis labios lanzan un jadeo ahogado. Siento unos labios cálidos cerca de los míos. Siento un aliento que me incita a ir por caminos descontrolados. No puedo ver nada, pero mis labios desean besar aquellos que estaban frente a mí. Intento hacerlo, intento acortar la distancia entre ambos labios, pero parecía infinita.
Siento aquellos labios tan cerca… que no puedo más. Me estoy desesperando. Me siento completamente seducida.
Las luces vuelven a encenderse esta vez más intensas, causando un efecto cegador en mis ojos. No logro ver con claridad a mi alrededor, pero esta vez la música es diferente. Benditos sean los sentidos.
Suena “Killing me softly” de Fugees. Me aclaro los ojos y veo manchas negras en mis brazos. ¿Qué?
En el escenario veo a Cisne Blanco sentado bajo una luz completamente fija en el centro. Está manchado de negro y lágrimas negras que caían desde sus mejillas hasta su delicado cuello.
Se percata de que lo miro y extiende sus manos al frente mientras me mira fijamente. Me quiere decir algo, pero en ellas sostiene un cuchillo negro afilado.
Me acerco al escenario y presencio esa escena.

Automáticamente sé lo que tengo que hacer. Debo hacerlo. Siento un repentino deseo irremediable de hacerlo.
Ya no siento nada por dentro. No puedo pensar en otra cosa. No soy capaz de pensar con claridad.
Agarro el cuchillo y lo observo. Desprendía una negrura brillante como la antracita, y su punta afilada, capaz de cortar hasta el viento más cálido.
Cierro los ojos y me centro en la música. Tarareo. Cisne Blanco me acompaña en la melodía.
“Killing me softly with this song…”
Es momento.
Escucho un grito terrible.
Cuando abro mis ojos me encuentro empapada de negro. Mi piel pesa y me cuesta moverme.
Mis manos teñidas de negro ya no sostienen el cuchillo.
Cisne Blanco yacía desangrándose frente a mí, con el cuchillo clavado en el epicentro de su cuerpo. Toda su sangre era negra.
Cisne Negro se acerca sonriéndome y se aproxima a mis labios. Cierro los ojos. Aquella sensación cálida, descontrolada y peligrosa que había experimentado minutos atrás vuelve a recorrer mi ser.
Por fin nuestros labios se unen. Nos besamos. Nos besamos tan intenso, tan profundo, tan sensual… que la lujuria se pondría celosa al mirarnos.

De repente escucho aplausos y vitoreos. Abro los ojos. Nuestros labios toman distancias y Cisne Negro me agarra la mano.
Sentados ante el público están todas las personas malas y dañinas que he conocido en toda mi vida. Se alegran de verme. Me sonríen. Me aplauden. Me silban. Me admiran. Yo esa noche era su Estrella.
Me cuesta entender qué ha pasado.
Giro la cabeza y miro el rostro de Cisne Blanco con hileras de sangre negra recorriendo su ya putrefacta piel. Ahora que lo analizo bien, sus rasgos faciales son extremadamente parecidos a los míos.
Me quedo pensativa, pero de repente se apagan las luces.
Se cierra el telón con una rapidez inmensurable.
La gente se va de la sala y vuelven nuevamente a continuar con su vida cotidiana.

¿Cisne Negro?
¿Dónde estás…?
Ven.
“Estoy aquí.” Me dice mi voz.
“Siempre he estado aquí. Nunca me he ido.”

—María (@lloro_rosa).

[©Para escribir este texto me he inspirado en la película “El Cisne Negro” protagonizada por Natalie Portman. Pero todas las palabras escritas siempre tienen un toque de realidad].

Te equivocaste, Cupido. Yo le supliqué que me dejara otro tiro.

05/08/19.

Nos remontamos a septiembre de hace casi dos años (2017). Yo estaba descubriendo gustos y desarrollando intereses que no conocía y eso me ayudó a estar un poco mejor emocionalmente, entonces conocí a alguien… No pensaba enamorarme ni que llegara a causar tanto impacto en mi vida, pero es que se veía tan adorable y buena persona… que acabé enamorada. Nunca fuimos novios porque él decía que estaba roto, que le habían hecho mucho daño y que todas sus ex novias habían sido malas con él, pero para mí ese chico (llamémoslo “M”) fue muy importante y de hecho había veces que parecía que éramos novios porque él dijo que yo también le gustaba. Yo en ese momento estaba genial de poder gustarle, la verdad. Cuando más lo necesitaba ahí estaba “M” para ayudarme y hacerme sentir mejor. “M” me decía que yo tenía que luchar por mí y hacer cosas por mí. Cuando yo más mal estaba tenía miedo de decírselo porque a veces se molestaba un poco conmigo ya que decía que no estaba luchando y estaba perdiendo el tiempo. Pero eso lo decía porque se preocupaba un montón por mí y me quería enseñar muchas cosas, entonces se lo agradecía. A veces me veía presionada a hacer cosas como leer, ver documentales y aprender, porque él me decía que era muy importante y para que él no me viera insuficiente yo hacía lo que fuera ya que me decía que era por mi bien, como todo lo que “M” hacía y decía: por mi bien.

“M” decía que no podía confiar en nadie pero que me quería mucho porque yo era muy especial, muy diferente a todas y muy paciente con él. Yo estaba súper feliz por eso. Pasamos un mes increíble en el cual parecíamos novios y un día de repente me dijo que estaba muy mal porque había soñado con su ex y que aún la seguía amando. Yo me puse celosa y triste porque tengo muchas inseguridades y él se enfadó mucho por eso. Porque claro, no éramos novios ni nada entonces yo no tenía ningún derecho a estar triste. Él tenía razón.

Nosotros seguimos hablando y un día vio que un chico que no le caía bien me había retweeteado un tweet. Entonces se enfadó mucho conmigo, me dijo que ese chico expresaba su tristeza para que le hicieran caso (no como “M” que con 25 años subía a cada rato fotos de sus cortes en los brazos a las redes), que ese chico era un niñato, que me fuera con él que seguro que ese chico era mejor. Yo me puse muy triste y nerviosa e intenté explicarle a “M” que yo no tenía nada con ese chico y que sólo lo amaba a él. Pero no me hizo caso, se puso muy celoso y yo me puse súper mal porque no quería perderlo, era lo único bueno que tenía en mi vida. Pero tenía razón, acabé bloqueando a ese chico porque obviamente era más importante “M” y quería demostrarle cuánto lo amaba, por eso no quería causarle celos. Es que llegaba un punto que yo lo quería apartar todo por “M”.

Yo seguía hablando con “M” todos los días, no me despegaba ni un momento del móvil porque tenía que estar pendiente de que él estuviera bien. Es que necesitaba hablar con él todo el tiempo. A veces estábamos hablando bien y de repente le daban crisis depresivas por cualquier cosa, entonces teníamos fuertes discusiones donde obviamente todo era mi culpa pero es que “M” era así y yo tenía que entenderlo. Luego yo tenía que estar toda la noche pidiéndole perdón y llorando por él. Muchas veces me bloqueaba, me insultaba o me hablaba muy mal, después me desbloqueaba y me pedía perdón, obviamente lo perdonaba porque no era su culpa reaccionar así aunque todos los días yo tenía miedo de la discusión nueva que tendríamos, por eso me esforzaba al máximo por darle lo mejor e ir a verlo, aunque casi nunca nos veíamos porque él decía que le encantaba su soledad y no veía a la gente a no ser que fuera de máxima importancia/urgencia.

Tantas discusiones a todas horas acabaron quitándome el apetito, tanto que a veces no tenía ganas de comer y adelgacé varios kilos. Lloraba casi todos los días, incluso tenía pesadillas de que él me dejaba o se iba con otra. No dormía bien porque tenía que estar hablando con él todas las noches, aunque a veces tuviera que pasarme toda la noche llorando y discutiendo hasta que amanecía. Recuerdo que me dormía y cuando me sonaba el móvil me despertaba sólo porque él me había mandado un mensaje y tenía que cuidarlo porque, obviamente, se iba casi todas las noches a beber por ahí y luego me hablaba borracho diciéndome cosas bonitas y sensuales. A mí eso me encantaba porque me sentía muy amada y querida aunque a la mañana siguiente tuviera ojeras o taquicardia por pasarme noches sin dormir. 

A veces buscaba cosas sexuales con él todo el tiempo porque me hacía sentir muy bien ya que después del orgasmo siempre me decía cosas bonitas, muy bonitas. Se ponía muy simpático. Yo me sentía única e increíble porque él no se acostaba ni confiaba en cualquier chica. Entonces yo siempre buscaba eso porque en esos momentos era cuando estaba más romántico y no nos peleábamos. Eso también creó que a veces me dijera que me aprovechaba de él y que sólo quería sexo, cosa de la que tenía razón. Sólo lo buscaba por sexo, si es que me lo dijo él. 🙂

De hecho una noche me dijo que estaba muy borracho y se había besado con una chica de su universidad, dijo que les encantó a los dos. Yo me puse muy mal y nuevamente se enfadó conmigo y me dijo que no tenía ese derecho. Y en realidad se lo agradezco porque él me decía que podía acostarse con quien quisiera y yo no me tenía que meter ahí, hasta que al final lo entendí. Pero de verdad que aún así se preocupaba por mí un montón. Aunque me viera sufriendo por él todos los días siempre estaba ahí y no se iba de mi lado porque sabía que yo siempre estaba para él.

También me culpaba a mí porque decía que yo vivía en una casa bonita, tenía una familia estable y me podía permitir comprarme cosas, él no tenía eso. Y claro, me decía que yo era una niña consentida y caprichosa que no sabía lo que era el dolor. Me decía que lo que yo sentía por él no era amor, era capricho y obsesión. Yo le intentaba explicar que no era así pero siempre acabábamos discutiendo. También me decía que él se había pasado desde los 4 años en el hospital por problemas de salud. “Tú no has estado en el hospital desde los cuatro años, no sabes lo que es el dolor.” A mí me molestaba mucho que dijera esas cosas porque yo lo amaba pero tampoco quería que tuviera esa idea de mí así que le expliqué toda mi vida personal al completo, cosas que no le he contado a nadie nunca, aunque no le importó mucho porque me seguía diciendo esas cosas. Aún así yo seguía haciéndolo todo por él: le escribía textos enormes que sólo me respondía con indiferencia o con pocas palabras, le enviaba audios muy largos intentando hacerle sentir bien, estaba ahí sin dormir toda la noche, lo tranquilizaba, le hacía dibujos que después él no quería ni verlos… Pero que aunque no valorara nada y siempre me discutiera, yo era muy feliz haciendo eso porque yo lo tenía a él y ese amor que sentía me hacía feliz. Es que era tan feliz que quería ahorrar porque quería en un futuro arriesgarme y vivir con él en París. 

Recuerdo que un día estaba él muy mal y me dijo que una cuchilla en su piel lo ayudaría más que yo, que al menos la cuchilla no le exigía cosas. Porque yo sólo le pedía que no me hablara mal y tuviera respeto y empatía conmigo, pero “M” tenía razón, le exigía muchas cosas. También me decía que él gastaba equivocadamente mucho tiempo en mí para que yo no me sintiera mal, que me jodiera si lloraba, que lo tenía harto, que su soledad nunca lo traicionaba, que me fuera a la mierda, que él estaba pendiente de sus cosas y no tenía por qué solucionar mis problemas (cuando nunca le dije que solucionara nada), que lo que yo hacía por él era para satisfacer mi ego, y muchas más cosas… Cuando me ponía mal me decía que él no podía hacerse cargo de mis problemas y que yo ya no era una niña, que no estaba luchando. Es que a veces se le iba la cabeza, pero era un chico genial. A veces se ponía súper mal y me decía que se quería estallar la cabeza contra la pared si no lo dejaba tranquilo, «¿acaso quieres ver sangre? Porque me abriré los brazos.» Yo me ponía súper nerviosa porque no quería que le pasara nada.

También me comparó con una chica que antes le coqueteaba por Twitter y la cual me caía mal, me dijo que era igual que ella de “acosadora” sabiendo que eso me dolía. Porque claro, para él todo el mundo es malo. Cuando se enfadaba siempre me enviaba este emoticono (👍) o me bloqueaba y después al poco tiempo me desbloqueaba, me pedía perdón y me decía cosas bonitas. Yo pues lo perdonaba porque estaba muy enamorada y no podía estar sin él. A veces (casi siempre) tenía que buscarlo yo y rogarle que me perdonara aunque la culpa no hubiera sido mía, otras simplemente discutíamos y a las horas me hablaba como si nada hubiera pasado y yo olvidaba las cosas que me había dicho porque lo amaba tanto…

Un día me habló mal de su ex (de la que me puse celosa cuando me dijo que aún la amaba) porque ella ya había hecho su vida y tenía otra pareja. Me dijo que no podía compararla con una puta porque al menos las putas cobran, que era una fácil, que ella tenía comportamientos dignos de alguien psicópata porque actuaba con indiferencia ante “M”, y que cómo podía tener pareja tan rápido, que todas las personas se olvidaban de él muy rápido y lo reemplazaban. Con todo lo que él había dado por ella… Yo le daba la razón porque la tenía, su ex era una cerda que sólo le hizo daño. Con el tiempo ella y yo acabamos hablando y me contó muchas cosas de él. Me contó la historia de ellos dos y ella no era tan mala como él decía, de hecho me identifiqué con cosas que ella me contaba, pero yo lo amaba aún sabiendo todas esas cosas y no permitiría que se fuera de mi vida.

Una noche él me envió un mensaje y me dijo que me olvidara de él, que yo era la peor mujer que había conocido y que me odiaba. Yo le pregunté que qué pasaba y me dijo que se había dado cuenta de que su ex y yo nos seguíamos en las redes (porque siempre nos miraba el Twitter). Me estuvo discutiendo y culpando muchísimo y yo lloraba y lloraba, pero no le podía decir que hablé con ella porque lo perdería y no quería eso por nada del mundo, así que le mentí y le dije que ni siquiera sabía que esa era su ex.

Y lo último ya fue que para su cumpleaños (septiembre 2018) yo le hice como regalo un montón de vídeos increíbles que me llevaron un mes hacerlos y editarlos, pero yo me sentía súper segura y pensaba que le encantarían. Él en esa época estaba muy mal porque una chica que le gustaba no le hacía caso, pero yo ahí seguía ayudándolo porque él tenía razón, todas las chicas eran malas y sólo se iban con hombres que las maltrataban, así que pobrecito. Cuando le envié los vídeos toda ilusionada su respuesta fue que no tenía ánimo para verlos, pero que lo agradecía. No vio casi ninguno al final, pero él era así, yo lo entendía aunque ya estaba un poco cansada, saturada y sentía que no quería hablarle y que ya podía estar días sin hablarle y me sentía bien. También quería centrarme en cosas nuevas y conocer gente nueva. Quería salir de esa monotonía y ese bucle en el que estaba. Estaba exhausta de dar y no recibir, de discutir, llorar, sentirme insegura, culpable… así que me fue muy fácil dejarle de hablar por el hastío que llegué a sentir. Y por lo visto él tampoco se molestó en buscarme.

Hasta que meses después de estar sin hablarnos me habló justo el día en el que murió mi abuelo (él lo sabía porque seguía espiándome en mi Twitter) y me dijo que quería hablar conmigo porque muchas cosas no las habíamos aclarado cuando nos dejamos de hablar. Me dijo que nunca quiso hacerme daño, que yo era un tesoro de persona, que nunca me olvidaría, que cualquiera puede estar genial con un amor como el mío, que fui la única persona que lo cuidó y lo entendió y eso jamás lo haría nadie por él y blah blah. Cosas de las que te “das cuenta” cuando pierdes a la única persona capaz de aguantarte.

Hablamos por un par de días y él tenía los mismos comportamientos, seguía igual de frío, indiferente, distante… Además me dijo que aún le jodía que yo hubiera hablado con su ex porque desde entonces ella no volvió a hablarle… ¿no me dijo anteriormente que la odiaba, que era una puta que sólo obedecía a los caprichos de su asqueroso coño? Vaya, vaya… Pero bueno, yo ya no sentía nada por él, entonces ya me agoté y dejé de hablarle porque ahí yo ya era más fuerte e incluso me di cuenta de que él ya ni siquiera era mi prototipo de persona.

ACTUALIZACIÓN SEMANAS DESPUÉS DE PUBLICAR ESTE TEXTO (AGOSTO 2019):

Al publicar esto en Twitter él se enteró. ¡Sorpresa! Después de todo me seguía espiando el Twitter. Yo entré a su cuenta días después de publicar esto porque algo en mí me decía que él se había enterado, aunque pensaba “jaja, no creo.” Entro en su cuenta y me encuentro tweets del tipo: “resulta que yo fui el malo de su historia sólo por no hacerme cargo de ella ni de su obsesión. Estaba claro que eso no era amor.”

Yo me enfadé mucho y fui a hablarle y ahí estallé y le dije todo lo que me llevaba callando (tal vez no de las mejores formas, pero estaba muy enfadada, sólo publiqué esto para desahogarme y estaba CANSADA DE CALLARME LA BOCA). Pues él se lo tomó tan mal que días después se creó una cuenta nueva de Twitter (ya la ha borrado) y subió capturas mías de conversaciones donde ni siquiera le decía nada malo, pero no tenía de dónde tirar, se quedó sin cuerda. Subió capturas de él hablando mal de mí con sus amigas (cuando desde siempre ha dicho que no tiene amigas). Les decía: “volvió la de siempre, la innombrable.”  Y sus amigas consolándolo como la víctima que es, porque nunca hace nada malo… Me escribió un hilo enorme contradiciéndose y diciendo mentiras. En dicho hilo decía cosas como que yo romantizaba las enfermedades mentales y me autodiagnosticaba depresión, cuando él sabía perfectamente que había estado una temporada yendo a terapia y después de cada terapia le contaba lo que me había dicho la psicóloga. También en ese hilo se inventó que yo le empecé a enviar fotos desnuda a los pocos días de conocernos cuando literalmente a los tres meses de conocernos empezamos a tomarnos más confianza y a hablar cariñoso. Era tal su obsesión de quedar como el bueno y la víctima que hasta le respondió a seguidores míos de Twitter que me apoyaban en las menciones intentando explicarles que la historia no era así. Como vio que tanto yo como la gente que me seguía ignorábamos sus menciones, me habló por privado y me dijo que o borraba este texto o me denunciaba a la policía por “acoso y ciberbullying.”

Literalmente me amenazó y me dijo: “retráctate en Twitter, publica tweets diciendo que te equivocaste y mentiste sobre mí y no te denunciaré. ¿Quieres que tu familia sepa lo que haces por las redes.”

Por suerte no me denunció. Me hubiera dado igual que lo hubiera hecho, no le tengo miedo y tengo argumentos de sobra, pero me jodería más por mi familia, no quiero causarles más disgustos. Él sólo quería limpiar su querida imagen y quedar de chico bueno porque no soporta que alguien le plante cara y le diga la verdad.

Ahora sí, una reflexión de todo esto:


ESTO ERA ES DEPENDENCIA SUMADA CON MALTRATO EMOCIONAL.


Si habéis leído hasta aquí os daréis cuenta desde el principio que todo en esta historia está mal…

Este tipo de personas por muy rotas y mal que estén no tienen derecho a tratar mal a alguien que se esfuerza por ellos ni a culpar/comparar su dolor, precisamente porque deben saber lo que se siente que te hagan daño. Este tipo de personas saben lo que hacen y saben perfectamente lo que hacer y decir para manipularte y crearte una dependencia. No es normal que te hablen mal, que te hagan sentir culpable constantemente, que no te valoren, que te digan qué debes y no debes sentir, que te discutan por lo más mínimo, que se hagan las víctimas… por mucho que os digan después de todo que os quieren y que sois unas bellísimas personas, eso es maltrato, y no hace falta llegar al punto de que te peguen para que se considere maltrato. Pero lo peor de todo es que él no quería atacar al problema, como me dijo su ex. Porque así sobrevivía, y le daba igual a quién matara haciéndolo. Era un egoísta por mucho que se quejara de que los demás eran malos. Yo estaba muy enamorada y sabía que me estaba maltratando pero aún así seguía ahí porque NO PODÍA ni tenía el valor de alejarme. Recuerdo que estaba desesperada, pedía muchos consejos a gente. Un chico con el que hablaba me enviaba audios incluso de 10 minutos explicándome que eso era maltrato y debía alejarme, su ex también me explicó muchas cosas… Y yo seguía sin hacer caso porque tuve que ser yo misma la que se dió cuenta, abrió los ojos y acabó saturada. Uno mismo se da cuenta por sí solo cuando ya lleva mucha carga encima. Él siempre repite el mismo bucle: se aisla, preocupa a los demás, deja que lo cuiden, que piensen que les dejará atravesar su muro… Y cuando por fin alguien penetra en su muralla, él agarra sus antorchas y se va a disfrutar del fuego a otra parte, y los demás que se jodan. Él cree que es un lobo solitario pero se comporta como una hiena y le da igual porque así sobrevive, haciendo daño y después haciéndose la víctima. 

También la dependencia emocional fue horrible, te anula todo y hace que sólo te centres en esa persona y le dediques tu vida entera. Yo pensaba que sin él estaría perdida, que jamás amaría y desearía a alguien después de él. Y eso es mentira. Sí se puede. Él era el problema porque no me hacía valorarme, básicamente. Yo me veía y sentía como una mierda, como la culpable, tenía miedo constantemente, me comparaba con sus exs y pensaba que ellas eran mejores que yo y por eso las había amado a ellas y a mí no.

Y digo que este chico ha sido muy importante para mí porque me jodió, basicamente. Porque a mí ahora me cuesta muchísimo confiar, tener seguridad, tener unas relaciones sociales normales… pero tanto en la amistad como en el amor y en el sexo. Me anuló completamente como persona y ahora día a día tengo que luchar contra los muros que me ha ido poniendo y es muy duro, la verdad.

Sabía que me tenía comiendo de su mano y si él hubiera querido que las cosas acabaran conmigo, me hubiera dejado todo claro y se hubiera ido para siempre. Y así nos hubiéramos ahorrado muchas cosas. Pero no, prefería hacer de los días un martirio, prefería ir y venir, bloquearme y desbloquearme, discutir y arreglarlo… Porque en el fondo es adicto a eso, a esa sensación. Y tardé en darme cuenta de que eso no es para nada sano y te desequilibra mentalmente.

Por último, esto me ha hecho darme cuenta de que no hay que dejarse llevar por nadie, que no hay que darlo todo por alguien que te trata así. Me ha enseñado a ser muy selectiva también. Que al más mínimo detalle que veáis de estos comportamientos, alejaos. Que no tengáis como prioridad a alguien que básicamente no os quiere. Que no permitáis que os hablen mal, que no os hagan lo que “M” me hizo a mí, que no os opriman vuestra libertad ni vuestra capacidad de decisión sobre absolutamente nada. Que lo más mínimo tienes que decidirlo tú. Que ese tipo de cosas no se hacen porque a alguien le importes y te quiera, no. Si alguien te quiere te tratará bien. No os dejéis envolver en las garras de esta gente porque es un círculo del que cuesta mucho salir y se va expandiendo más y más hasta que acabas agotada de tanto sufrir. Yo también he hecho daño a lo largo de mi vida, claro que sí. No soy perfecta y puede que con él a veces me pasara de pesada e intensa. Pero ¿sabes? Algunos intentamos cambiar…

Así que, M… Esos rasgos de psicopatía que decías que tenía tu ex… ¡Resulta que los tienes tú! Y si te molesta que te exponga de esta manera, no lo siento, no mereces otra cosa.

Lección aprendida, querida pupila.

By: María (la desviada, la de siempre, la innombrable, la molesta, la fastidiosa obsesiva, la loca… La que se ha cansado de callarse la boca). 😀

 

2018.

Otro año más para la colección en mi memoria de años malos.

Otro año más hundida en la monotonía y la rutina, pensando que la solución está lejos de aquí, sólo pensando.

Este año lo empecé con una persona que pensaba que era increíble y al final me acabó dejando por los suelos más profundos. Lo amé como a nadie, exprimí mi corazón y ahora me siento vacía. Nuevo trauma añadido.

Este año mis padres me llevaron con una psicóloga y empecé una terapia, la cual dejé a los 4 meses porque sentía que estaba retrocediendo en vez de avanzar. Casi toda la gente de mi alrededor comenzó a saber parte de lo que llevaba callando años y la verdad que fue muy incómodo. Nuevo trauma añadido.

Este año volví a retomar el contacto con la chica que fue mi mejor amiga hace tiempo. Ahora vive en otra ciudad lejos de mí y tiene nueva vida y nuevos amigos. Es como si ya fuera una extraña.

Este año experimenté y sentí mucho dolor, desprecio, rechazo, vacío, engaño, infravaloración, maltrato y desesperación.

Desesperación por querer y no poder, por no estar a la altura, por tener un amor dentro del corazón que si me concentraba podía tocarlo, pero sólo eran sueños de una pobre niña ilusa.

Este año cumplí 18 años y me avergüenzo de seguir tan triste como cuando tenía 15 años, pero asumo que este es mi destino. Yo. Asumo que mi mayor problema es que soy muy yo.


-María.

¡Hola! Me llamo María pero últimamente… No sé quién soy.

Estoy perdida. No encuentro mi hogar. No encuentro a la persona que yo solía ser antes. Estoy perdida en un lugar donde se han unido muchos caminos en uno: tristeza, depresión, rabia, enfado, inseguridad…

Todo es un círculo donde ya no hay ni un camino de vuelta a casa. No hay nadie. Sólo estoy yo. He olvidado tanto de quién era por darlo todo a personas que me han destruido tanto, que he acabado perdida, débil y sin saber cómo actuar ante nada. Ya no me conozco ni conozco mis límites porque he superado los que tenía. Tengo la mente nublada y mucho miedo. Quisiera volver a encontrarme conmigo misma. He pedido ayuda a gritos silenciosos pero nadie parecía darse cuenta. Ya no encuentro más maneras de decirlo. Ya sólo queda resignarme y esperar.


-María.

Cuerdas.

Me sentía atada por miles de cuerdas, suspendida al vacío en medio de un abismo que tenía principio pero parecía no tener final. No miento si digo que yo misma elegí irme a ese abismo y ponerme las cuerdas, pero pensaba que tú no las apretarías al punto de dejarme la piel en carne viva. Pensaba que no harías nudos, ni siquiera creía que me intentarías asfixiar. Confiaba en ti. Pero fue en vano.

Me sentía asfixiada, aprisionada y con miedo. Ya no podía expresar, no podía hablar, ni opinar, ni decidir por mí. Sólo me limitaba a ir de puntillas, agachar la cabeza y aceptar la “realidad.”

Quería huir, quería desatar nudos. Pero tenía miedo. Tenía miedo porque era tal mi síndrome de abstinencia que sabía que si cortaba alguna cuerda poco a poco caería al abismo y eso me mataría.

Ahora sé que lo hubiera preferido. Hubiera preferido que me matara un abismo antes de que me mataras tú.

Ni siquiera sé cómo logré salir de ahí, pero poco a poco fui quitándome las cuerdas y dándome cuenta de la gravedad de las heridas. Dolió desatar cada cuerda pero mereció la pena. Ahora estoy herida, sangrando y con miles de marcas y secuelas. Pero soy libre, puedo expresar sin miedo. Mis sentimientos y mi capacidad de decisión ya no tienen límites y no voy a dejar que nada ni nadie los vuelva a limitar.

Ahora soy libre y ya no quiero callar, quiero expresar.

-María.✨

Introducción.

Hola chico/chica/alien/lo que seas…

Si estás leyendo esto probablemente es que has hecho click en un enlace que hasta hace unos segundos no sabías lo que te ibas a encontrar.

Bien. Aquí, en este rinconcito, no busco otra cosa nada más que desahogarme y sentirme libre de crear. Dejar mi imaginación y mis pensamientos en el aire y hacer que lleguen a vosotros. Busco sentirme comprendida, o no, simplemente expresarme y sentir que hay alguien que puede leerlo.

Dicho esto, ya iré publicando lo que me salga de la psique.✨



-María.